UmBros En Buenos Aires.
Buenos Aires. Sábado, 4:17 a.m.
La noche huele a cigarrillo frío, alcohol barato y algo que nadie logra identificar.
El boliche El Prisma apaga su última luz.
Un grupo de amigos camina por las calles vacías de Constitución.
Entre ellos está Elías. ¿Era parte del grupo? A veces sí…
Cuando necesitaban burlarse de alguien, tal vez.
Siempre fue el diferente, más de lo que nunca se hubieran imaginado.
Y esa noche, iban a descubrir que su mirada, siempre perdida, llegaba más lejos de lo que nadie podía comprender.
—Che, “Exorcista”, ¿no sentís nada hoy? —le dice Martín—. ¿O tu radar de fantasmas se quedó sin WiFi?
Ríen.

Elías solo frunce el ceño y baja la vista.
Desde los siete años, veía cosas. Sentía cosas. No sabía explicarlas. Entonces empezó a leer, estudiar, anotar, todo lo que no entendía.
A escondidas, sin maestros. Como un maniático solitario…
Pero su curiosidad se volvió conocimiento. Y el conocimiento, habilidad.
Esa noche… lo iba a necesitar todo.

4:23 a.m.
Un viento espeso fluye por la vereda, moviendo lo que parece ser un derrame aceitoso.
Las luces empiezan a parpadear violentamente.
El aire huele a hierro oxidado.
Cata se detiene. Siente miedo. Se acerca más al grupo. No dice nada. Ve todo… sin entender nada.
Elías no sabe qué es exactamente, pero siente que algo está por llegar.
Se prepara mentalmente como un guerrero en el instante exacto antes de una emboscada.
Respira profundo. Repite algo en voz baja, como una oración antigua.
Entonces el ambiente colapsa:
El tiempo parece paralizarse.
El viento se detiene.
Los sonidos desaparecen.
Los colores sangran.
—No puede ser —murmura Elías—. No tan pronto…
—¿Qué cosa?
—Umbros.
Un zumbido, como el de un enjambre podrido, atraviesa la calle.
Y sin que puedan reaccionar, Umbros está frente a ellos.
No hay palabras.
No hay forma lógica de describir lo que se ve.
Pero todos sienten.
Las almas tiemblan.
—¡Corran!

4:30 a.m.
Martín desaparece.
Garras invisibles lo arrancan del suelo. Sus gritos se distorsionan como si fueran absorbidos por un agujero en el aire.
El grupo huye por pasillos oscuros.
Las calles están desiertas.
Las puertas cerradas.
La ciudad entera parece haber sido sellada.
—¡¿Qué carajo está pasando?!
—¡¿Qué es eso?! —grita Joaquín.
Elías, agitado, responde:
—No es físico. No del todo. Umbros es una entidad psíquica. Se alimenta de emociones podridas.
—¿Y vos cómo sabés eso? ¿¡Qué hiciste pelotudo!?
—¡No hice nada! ¡Pero hay que averiguar por quién viene!
—¿¡Por quién viene!? ¿¡De qué carajo estás hablando!?
mientras corren.

4:38 a.m.
Llegan a la casa de Elías.
No es una casa común. Es un taller digno de un brujo tecnologico en un viejo galpón abandonado que alguna vez, perteneció a sus abuelos.
El lugar está cubierto de símbolos. Objetos raros. Cables. Libros. Un altar improvisado.
Elías abre un armario: libros viejos, símbolos raros dibujados a mano, cristales, celulares desarmados, placas, cables… y un cuaderno con páginas negras.
—Vamos a armar un módulo de contención —dice Elías.
Lara —¿Y si le tiramos agua bendita?
—Eso solo sirve en las películas —responde Elias, sin perder el foco—.
Umbros se alimenta de energía emocional negativa, hay que eliminar esa energia, no es diferente a un tornado, bueno si es diferente porque esta compuesto por una cuota espiritual, si quisieramos destruir un tornado, con solo enfriar el aire caliente que tiene dentro, perderia su energia y colapsaria. , pero Umbros tiene su origen demoniaco, necesitamos eliminar su poder con ciencia, pero inmediatamente debemos desterrarlo al infierno o podria recuperarce.
Necesitamos cortarle su energía, desgastarlo… y luego desterrarlo.
4:51 a.m.
Mientras Elías ensambla una estructura improvisada con circuitos electricos y cristales, todos aprenden una oración escrita en latín por él mismo, años atrás.
Una oracion de protección.
Dibuja un símbolo vikingo con aerosol blanco en el suelo.
El símbolo parpadea, se oscurece, y desaparece de la vista.
Está activo.
Umbros entra.
Su forma es imposible: una sombra viva con huesos flotantes, niebla hecha de gritos deformes y caras humanas retorcidas.

—¡Ahora! —grita Elías.
Mientras todos recitan la oracion, Elias Conecta los cristales y el simbolo del piso se enciende. El espectro se retuerce.
Grita.
La energía empieza a drenarse.
Umbros se apaga, lentamente.

Pero entonces…
Una línea de cobre se suelta.
El circuito se interrumpe.
Umbros recupera fuerza y empieza a romper la realidad a su alrededor.
Elías entiende al instante.

—¡Retrocedan! Cierren el círculo desde afuera!
Se queda en el centro, cae al suelo de rodillas, con todo su poder espiritual comienza a recitar conjuros de proteccion, logra debilitar a Umbros por un momento, pero el demonio era mas fuerte.
Con voz calmada y resignada, los mira.
—Lo siento.

Esta vez, ya nadie se burla.
Todos lo miran con lágrimas. Con respeto. Con gratitud.
Elías se lanza al centro.
Y recita, con fuerza:
“Lo que nace del dolor, muere en la entrega.”
Una luz blanca lo envuelve desde dentro.
Y en un destello silencioso…
Umbros desaparece.
Y con él… Elías.
Día siguiente, 6:04 a.m.
Sus cosas siguen ahí.
Y en el cuaderno, una nota escrita esa misma noche:
“Siempre pensé que yo era el problema.
Pero tal vez… era la advertencia.”

Con el tiempo, Cata publica la historia en Twitter.
Y vos… la estás leyendo ahora.
Si alguna vez conociste a alguien raro, silencioso,
que parecía sentir cosas que vos no veías…Ojalá lo hayas escuchado.
Porque si no lo hiciste…
tal vez Umbros esté más cerca de lo que pensás.